Quiero seducir al tiempo para encarnar en la mítica inmortalidad, encarnar en el espacio verdadero y beber un brebaje de hoguera, quemarme vivo en mis pensamientos y anhelar una forma imitativa de mi mismo. Ayer soñé contigo. Encanto sobrenatural, arquetipo femenino.
Quise acostarme con la inspiración de tu encuentro, quise perder la razón, ser caudal y tejer vaporosamente una historia entre los dos. Una historia entre el mortal y La mujer (sol y luna), mujer de caminos sin mapas, mujer convertida en universo. Quise ser testigo de la inmensidad por medio de ese mensaje nocturno transmitido por los dioses, mensaje de tu forma.
Un grito broto desde la boca del estomago y quise construir una revolución de palabras que embrujaran tu canto y nos llevara como caminantes solitarios a luchar una guerra blanca y una negra, donde poder observar la mezcla de nuestras perdidas. Una guerra donde pulir la belleza de nuestro presente para lograr una aproximación que procediera en un milagro.
Quiero hacer una pausa en el tiempo para protegernos del espectáculo profundo de mis sueños donde queda la marca y el aroma y magia de nuestra decadencia.
Desperté descubriendo que nosotros mismos somos poseedores de nuestros antepasados, antigua mente bendecida por la ignorancia. Que bueno es no recordar. Uno sueña para no recordar. Desperté y se despertó en mi un sentido mágico disfrazado de pordiosero que me recordó que el tiempo es largo mas no interminable.
Desperté en un rito invariable donde reconocí las fisuras de nuestro encuentro.

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